sábado, 28 de febrero de 2015
Identificación del caso
El caso de Rebecca Hasbrouck, una mujer entre los 40 y 50 años de edad que Creció en una familia de clase alta llega con aspecto desaliñado al consultorio de la Dr. Sarah Tobin psicóloga clínica con 20 años de práctica clínica quien trabajaba en consulta externa para una gran institución psiquiátrica.
Rebeca tres años atrás tenía una vida cómoda en un suburbio de clase media alta; ella y su esposo eran abogados muy exitosos y sus dos hijos eran brillantes, atractivos y con dotes atléticas, ella y su familia regresaban de vacacionar en las montañas cuando un camión chocó violentamente el auto que ella manejaba, haciendo que se saliera del camino y volcara varias veces, Rebecca no estaba segura de cómo su cuerpo había sido lanzado de los restos del automóvil, pero sí recordaba yacer cerca del vehículo en llamas, mientras el fuego consumía a las tres personas más importantes de su vida. Durante las semanas que paso en el hospital, recuperándose de sus graves heridas, recobraba y perdía la conciencia, convencida de que la experiencia era sólo un mal sueño del cual pronto despertaría.
Al salir del hospital, regresó a su casa vacía donde le atormentaban las voces y recuerdos de sus hijos y su esposo. Cuando se dio cuenta de que se encontraba en una confusión emocional, buscó ayuda y apoyo en su madre quien, por desgracia, también sufría uno de sus episodios recurrentes de depresión severa, por lo que no podía ayudar a Rebecca. De hecho, su madre le dijo que nunca volviera a llamarla, porque no deseaba "agobiarse" más con sus problemas. Su consternación aumentó con la ruptura de los padres de su finado marido, quienes le dijeron que era demasiado doloroso para ellos relacionarse con la mujer que había "matado" a su hijo y a sus nietos.
Al darse cuenta de que no tenía a nadie con quien acudir por ayuda, Rebecca inició la búsqueda de los miembros de su familia perdida. En medio de una noche fría de octubre salió por la puerta principal de su casa, vestida únicamente con camisón y pantuflas; y mientas caminaba cuatro millas de distancia hasta el centro de la ciudad, gritaba los nombres de esos tres "fantasmas" y los buscaba en lugares conocidos. En cierto momento llegó a la casa del jefe de policía y gritó a todo pulmón que quería que su esposo e hijos fueran "liberados de la prisión". Una patrulla la llevó a la sala de emergencias psiquiátricas. Sin embargo, durante el proceso de admisión, se escabulló y se puso en camino para reunirse con los miembros de su familia, quienes la "llamaban". Durante los tres años que siguieron a este trágico episodio, Rebecca vivió como una persona sin hogar, perdiendo todo contacto con su mundo anterior.
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